{"id":74,"date":"2015-10-24T14:55:32","date_gmt":"2015-10-24T14:55:32","guid":{"rendered":"https:\/\/www.jesidewalks.net\/?p=74"},"modified":"2019-12-01T14:33:49","modified_gmt":"2019-12-01T14:33:49","slug":"trans-mongoliano-anticlimax","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.jesidewalks.net\/2015\/10\/24\/trans-mongoliano-anticlimax\/","title":{"rendered":"Trans-Mongoliano. Etapa 1: Anticl\u00edmax"},"content":{"rendered":"
\"St<\/a>
St Petersburg – Omsk<\/figcaption><\/figure>\n

Read the English version<\/a><\/p>\n

Mi\u00e9rcoles 3 de junio. Pasando por Perm, camino a Yekaterinburg<\/em><\/p>\n

Apoyado con mis brazos sobre la ventana del pasillo que da al sur, la veo pasar. Brillante, gigante esf\u00e9rica, se manifiesta a trav\u00e9s de las ramas de los \u00e1rboles. Un manto de nubes intenta disimular su esplendor, pero la luz logra pasar ti\u00f1endo todo el bosque de un halo gris\u00e1ceo, fantasmag\u00f3rico casi. Es tan clara la noche que incluso se pueden distinguir los verdes de los arbustos y pinos. Con cuidado asomo la cabeza un poco hacia afuera para ver la punta del tren que justo toma una curva. El aire me pega en la cara, me congestiona la nariz. Impetuoso, el aparato tira de los vagones mientras va iluminando el camino con sus luces. Profundas espadas que perforan la noche siberiana. Con su carrocer\u00eda verde, ah\u00ed va, enorme gusano en su infatigable marcha hacia el este. No va r\u00e1pido, no puede, incluso a veces desacelera porque los rieles no est\u00e1n en buen estado. Pero aun as\u00ed le alcanza para dejar atr\u00e1s a la luna que se aparece por la izquierda de la ventana y lentamente se va moviendo hacia la derecha. Alguien pasa por el pasillo, me distraigo, y ya est\u00e1 de nuevo la luna apareci\u00e9ndose por el sudeste.<\/p>\n

<\/p>\n

Mis pensamientos y emociones merodean los eventos de la tarde de ayer, martes 2 de junio.<\/p>\n

…Hacemos tiempo sentados en inc\u00f3modos bancos de pl\u00e1stico bajo un enorme ventanal por el que se filtran las luces de la ciudad. Los pasos arrastrados de una viejita rusa, pa\u00f1uelo atado a la cabeza, que camina de ac\u00e1 para all\u00e1 con su jarrito de t\u00e9. La voz del chico de la consigna pidi\u00e9ndome un <\/em>souvenir al ver mi pasaporte, y la imagen de una moneda de un peso argentino pasando manos. La se\u00f1ora guardia de un supermercado al lado de la estaci\u00f3n, diligentemente sigui\u00e9ndome por entre las g\u00f3ndolas porque no quise dejar mi mochila en la entrada. El mausoleo de Lenin cerrado. Las estaciones de subte, inmaculados palacios zaristas a 400 metros de profundidad. Y el tipo de traje que se quema el brazo en una improvisada ceremonia militar detr\u00e1s del Kremlin. Mosc\u00fa, cinco horas a pata por la capital de un estado polic\u00eda que se nos antoja a mucho humo, mucho ruido. Una ciudad magn\u00edfica, de pocas sonrisas y demasiados uniformes.<\/em><\/p>\n

Aunque las im\u00e1genes de la capital rusa son v\u00edvidas y de solida textura, es el cosquilloso recuerdo de la anticipaci\u00f3n, de la espera lo que me apresa. Elona se va a buscar agua caliente. Mientras, yo me doy vuelta porque justo el tablero gigante negro sobre la pared baraja sus placas con letras y n\u00fameros blancos y amarillos. Entonces, el expr\u00e9s n\u00famero K3\/4 con destino a Beijing sube a la primera l\u00ednea de la lista. El reloj marca las 09.45 PM. Falta menos. Cosquillas en la panza. \u00bfC\u00f3mo ser\u00e1\u2026eso de ir hacia el este del mundo? Estaci\u00f3n de trenes Yaroslavsky. El tren sale a las 11.00 PM.<\/em><\/p>\n

10.28 PM. Nos colgamos nuestras mochilas al hombro y vamos hasta la plataforma 1. Curiosos, caminamos espiando dentro de las ventanas de los vagones. Primero la locomotora, y el maquinista, codo apoyado sobre la ventana, faso en los labios. Luego, el primer vag\u00f3n, moderno, limpio. Un vag\u00f3n ruso, y de primera clase. Despu\u00e9s el vag\u00f3n restaurante, tambi\u00e9n con letras en cir\u00edlico estampadas sobre la carrocer\u00eda color bord\u00f3 y blanco. Y de ah\u00ed en adelante el tren es chino, los vagones son verdes y amarillos, el staff es chino y el idioma es chino. Nos presentamos ante el conductor, que nos mira los billetes y pasaportes. Subimos…<\/strong><\/em><\/p>\n

Me alejo de la ventana, la \u00fanica que se puede abrir, y camino hasta donde est\u00e1 el ba\u00f1o, al final del pasillo, justo antes de la junta con el vag\u00f3n VI. Ocupado. Los ba\u00f1os del tren son relativamente limpios y tienen inodoro, algo que no es un hecho en Asia. De vez en cuando el conductor lo limpia y repone el papel higi\u00e9nico. Un dato, sin embargo, es que los del Trans-Siberiano no son ba\u00f1os qu\u00edmicos. O es decir, que la mierda y el pis se quedan en Siberia. Es por eso que 20 minutos antes de cada estaci\u00f3n los conductores les echan llave. Aunque a veces no llegan a tiempo, y entonces alguien no se pudo aguantar.<\/p>\n

Al otro extremo, en la uni\u00f3n de los dos vagones, el traqueteo de los rieles y las sacudidas de las curvas son mucho m\u00e1s fuertes. Las juntas de metal padecen de estr\u00edas por las que se pueden ver el suelo siberiano. Arrugas de aleaci\u00f3n detr\u00e1s de tantos viajes. Aturdido, amago cruzarme al VIII y me vuelvo sobre mis pasos. Quiero revivir las im\u00e1genes de anoche. Los pasajeros duermen y los conductores est\u00e1n en sus cabinas. El espacio es m\u00edo y lo camino lento, mis ojos escrutando cada detalle. A la altura de la entrada al vag\u00f3n, se sienten el humo y el holl\u00edn provenientes del brasero que alimenta el calef\u00f3n. Las puertita est\u00e1 abierta, as\u00ed que me acerco para ver c\u00f3mo es por dentro. El calor me seca los ojos, y debo pesta\u00f1ar varias veces para humedecerlos de nuevo. Es una especie de salamandra siempre en combusti\u00f3n con una peque\u00f1a chimenea que desemboca en el techo del tren. En el suelo, hierros, trapos, escobas y varias bolsas de carb\u00f3n. Sigo caminando. Del otro lado del brasero, est\u00e1 el calef\u00f3n. El agua siempre hirviendo. Esta ma\u00f1ana comet\u00ed el error de abrir el grifo sobre mis dedos. Las cortinas ondean con el aire que se cuela por la ventana. Me fijo en mi celular sostenido en dif\u00edcil equilibrio contra la pared bajo uno de los asientos plegables del pasillo. La electricidad es tan d\u00e9bil que en tres horas la barrita solo indica 15%. Lo dejo que se cargue un poco m\u00e1s.<\/p>\n

…<\/strong>En silencio, \u00bfasustados?, seguimos al conductor por el vag\u00f3n VII, un chino grandote que no habla un pedo de ingl\u00e9s, ni de ruso, ni de nada que no sea chino. Me trabo con la mochila al intentar pasar por las estrechas puertas. Un intermitente repiqueteo de madera contra metal me avisa que tengo uno de los termos colg\u00e1ndome del bolsillo derecho de la mochila. Pasamos al lado de un ba\u00f1o privado, la salita del conductor, una especie de calef\u00f3n oxidado, y entramos al pasillo. Paredes color ocre, mon\u00f3tonas de mugre, alfombras deste\u00f1idas y gruesas de polvo. Carteles y alertas en chino y en ruso. Olor a muebles viejos, sudor y humedad. Y humo, huele a humo. Dentro de la cabina, las cortinas y colchones con olor a cigarrillo, la ventana trabada, la luz que no alumbra un carajo, el piso pegajoso y la bandejita de lata sobre la mesita, llena de cenizas. Miro por todos lados, y de verdad que a primeras, no hay con qu\u00e9 darle. <\/em>\u00bfEste es el famoso, hist\u00f3rico, Trans-Siberiano? Si mi primera impresi\u00f3n del tren es desagradable, el golpe para Elona es sobrecogedor. El silencio de sus ojos mojados, la representaci\u00f3n m\u00e1s humana de la situaci\u00f3n. No tardo. Abro la ventana, localizo el interruptor y enciendo un peque\u00f1o, destartalado, y milagroso ventilador que mis ojos encuentran como quien encuentra un billete de cien en la calle. Lo pongo a tope. Sacudo los colchones, las almohadas, vac\u00edo la bandeja, y con un trapo que mi memoria falla identificar su procedencia, friego el piso. Redefino el espacio, cambio energ\u00edas. La abrazo, y le digo al o\u00eddo, \u00b4Te dije. No hay trenes como en C\u00f3rdoba.\u00b4 Se r\u00ede, a medias. Anticl\u00edmax…<\/em><\/p>\n

Voy hasta la cabina y agarro el termo. Elona me teje un gorro. Afuera el cielo ya comienza a azularse. El tren cruza un r\u00edo anch\u00edsimo, el Kama, y estamos llegando a Perm. Cuarta ciudad m\u00e1s grande de Rusia, enorme centro industrial a las puertas de Siberia, conocida tambi\u00e9n por el infame gulag<\/em> Perm-36, y que intenta reinventarse culturalmente abriendo museos y centros de arte. De Perm, sin embargo, solo vemos algunos edificios y chimeneas al cruzar el r\u00edo. El tren solo se detiene veinte minutos.<\/p>\n

En la estaci\u00f3n, la plataforma est\u00e1 llena de gente, la mayor\u00eda rusos. Al parecer se han bajado del tren de en frente. Estiran las patas, fuman, charlan, sacan fotos del reloj de la estaci\u00f3n. Nos bajamos junto con Ang\u00e9lica y Jos\u00e9, una pareja de Castilla La Mancha que suelen viajar por el mundo y ahora dicen que les \u00b4toca\u00b4 China. Montamos unas escaleras para mover las piernas. Afuera el aire es seco. Ya aclareci\u00f3 y los rayos de sol golpean los techos de los trenes y las l\u00e1minas de los carteles en la estaci\u00f3n. Desde arriba observo a la gente entre los dos trenes. Del nuestro veo que se bajan grupos de a tres, seis personas cuando m\u00e1s, y se pierden entre la multitud rusa. Pero nadie parece subirse.<\/p>\n

Y ah\u00ed estamos, haciendo tiempo, rodeados de un murmullo gutural y quebrado que no comprendemos. Su tren parece mucho m\u00e1s moderno, m\u00e1s limpio. No es hasta que Elona repara en uno de los vagones con compartimentos de a seis camas que nos damos cuenta. Las famosas coup\u00e9<\/em> del Trans-Siberiano. Estamos en frente a ese hist\u00f3rico tren que cruza toda Siberia de Mosc\u00fa a Vladivostok, y de vuelta, pasando por el norte despu\u00e9s del lago Baikal. Los del otro tren que ya casi terminan su traves\u00eda y nosotros que reci\u00e9n empezamos. Suena un pitido, las provodnystas <\/em>llaman, los pasajeros se suben, las puertas se cierran, y el Trans-Siberiano se aleja. La plataforma se vac\u00eda.<\/p>\n

Martillos contra el metal. Nuestros conductores y maquinistas recorren todo a lo largo del tren golpeando frenos, ruedas y amortiguadores. Xilof\u00f3n desafinado por los kil\u00f3metros de estepa. Y en medio de la plataforma un kiosquito que antes la gente no me dejaba ver. Los productos todos en vista tras el vidrio para que le se\u00f1alemos a la vendedora que no nos entiende y ella con una calculadora nos cobre lo que nosotros no le entendemos. Eficiente incomunicaci\u00f3n. Un chiflido de aire que escapa de los frenos,\u00a0 nuestros conductores que hacen se\u00f1as, el motor que arranca de nuevo. Ahora nos toca a nosotros subir.<\/p>\n

De vuelta en el tren, me vuelvo hasta el calef\u00f3n para llenar el termo. Desde la salita del conductor, se escuchan los golpes de un cuchillo contra una tablita de madera. Olor a cebolla. Los conductores preparan su desayuno. \u00bfO es almuerzo? Mientras uno corta un pollo en pedazos, el otro prepara una salsa. Cuando terminan de cortar, lo echan todo en una olla grande que ponen a calentar en el brasero del calef\u00f3n. Es todo un va y viene, un ritual de conversaciones a gritos.<\/p>\n

Vuelvo a la cabina. Me encanta caminar en este tren. Me fijo sin prestar mucha atenci\u00f3n en la ficha con los horarios de las paradas. La pr\u00f3xima estaci\u00f3n es en seis horas. Todas con hora de Mosc\u00fa. Lo que hace que, por ejemplo, a las 11 de la ma\u00f1ana tengas que mear con linterna, o que a las 3 de la madrugada si quer\u00e9s dormir, debas correr las cortinas. Noches cortas, d\u00edas m\u00e1s cortos. Horas desparramadas. Siberia. Y nosotros, hacia el Este.<\/p>\n

CONTINUAR\u00c1<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"

Read the English version Mi\u00e9rcoles 3 de junio. Pasando por Perm, camino a Yekaterinburg Apoyado con mis brazos sobre la ventana del pasillo que da al sur, la veo pasar. Brillante, gigante esf\u00e9rica, se manifiesta a trav\u00e9s de las ramas de los \u00e1rboles. Un manto de nubes intenta disimular su esplendor, pero la luz logra…<\/p>\n Read More<\/span> Trans-Mongoliano. Etapa 1: Anticl\u00edmax<\/span><\/a>","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"Layout":"","footnotes":""},"categories":[13,12],"tags":[6,8,7,5,4],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.jesidewalks.net\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/74"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.jesidewalks.net\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.jesidewalks.net\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.jesidewalks.net\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.jesidewalks.net\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=74"}],"version-history":[{"count":11,"href":"https:\/\/www.jesidewalks.net\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/74\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":295,"href":"https:\/\/www.jesidewalks.net\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/74\/revisions\/295"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.jesidewalks.net\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=74"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.jesidewalks.net\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=74"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.jesidewalks.net\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=74"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}