Omsk - Ulaanbaatar

Omsk – Ulaanbaatar

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Jueves 4 de junio, pasado el mediodía. Saliendo de Omsk

Alla sin acento, no es un error de ortografía en castellano sino la mamá de Liza, nuestra anfitriona. La vieja nos pide que nos saquemos las zapatillas y nos pongamos las pantuflas que están en la entrada. Después de ver nuestro cuarto y dejar las mochilas, pasamos a la cocina y nos sentamos en una mesa redonda cubierta con un mantel de plástico amarillo con dibujos de flores en macetas (describir más: cuarto frío, oscuro, cortina sucia tapa la luz, agujeritos de cigarrillo apagados sobre el mantel).

Alla pone una pava de aluminio a calentar. “¿Tea, coffee?” nos pregunta en inglés. Con un vaso de agua me bastaría, pero parece imprudente decirle que no. “¿Café tiene?” le pregunto. “Sí, claro,” y ahí no más saca un jarro de aluminio (o era cobre?) de dentro del horno. Cierra el horno con tanta fuerza que parece que la cocina se derrumba. De un mueblecito de madera oscuro saca un envase de plástico y echa dos cucharadas de café molido y, con el cuidado de alguien que riega el pasto, vierte un poco del agua de la olla al jarro y lo pone a calentar. Café al estilo turco, y seguro que me lo da negro y sin azúcar. Elona se contenta con un saquito de EarlGrey de la cajita de lata sobre la mesa.
Acabamos de llegar, y el apartamento sobre la calle-

“Elona, ¿cuál era el nombre de la calle del apartamento en San Petersburgo?”

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